“Por eso pues, ahora, dice Jehová, conviértanse a mí con todo su corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasguen su corazón, y no sus vestidos, y conviértanse a Jehová su Dios” (Joel 2:12,13).
No sabemos mucho acerca del profeta Joel, excepto que el mensaje de Dios que tenía era contra el reino de Judá. Este profeta, revela por qué terribles acontecimientos habían sobrevenido al pueblo de Dios. Esto era debido a la falta de un verdadero arrepentimiento.
Una gran plaga de langostas había acabado con las cosechas, había invadido toda la región “…la langosta, como un ejército fuerte. ha destruido nuestros viñedos, ha destrozado nuestras higueras; las ha pelado por completo, hasta dejar blancas sus ramas” (Joel 1:6-7).
También había falta de lluvia, e incendios en el campo, “Los campos están desolados; las tierras están de luto. Se han secado los viñedos y se han perdido las higueras… Secos quedaron también los granados, las palmeras, los manzanos y todos los árboles del campo” (Joel: 1:10,12) “… porque fuego consumió los pastos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo… fuego consumió las praderas del desierto” (Joel: 1:19,20).
Por todo esto, Judá estaba como de luto. La tristeza era notoria en todo el territorio. “… ¡se ha perdido la alegría de toda la gente!” (Joel 1:20). Los sacerdotes del templo estaban afligidos, pues ellos no encontraban algo para ofrendar al Señor, ni vino ni aceite (Joel 1:13).
Pero ¿Por qué ocurrían todos estos males? ¿Hambre, sufrimiento, tristeza? ¿Porque la prosperidad había sido quitada del pueblo de Dios?
Podríamos decir que todas estas cosas fueron hechos naturales, fortuitos, sin razón alguna, que la naturaleza a veces se comporta caprichosamente. Pero los versos 2:11 son reveladores “Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; y “…mi gran ejército que envié contra vosotros” (2:25).
El pueblo grande y fuerte de insectos, es de Dios, la orden es de Dios, es su ejército. La sequía tampoco era casualidad, sino el obrar del Señor contra su pueblo (2:23).
No es popular decir esto, pues cuando hablamos de Dios enfatizamos su gracia y su amor, pero también debemos verlo en su ira por el pecado, o cuando disciplina a su pueblo. Es necesario conocer a Dios, por la revelación bíblica, no por presunciones, o nuestras propias opiniones.
Como Dios es justo, sabemos que había una buena razón para que estas cosas acontecieran, para este obrar de Dios contra Judá. Entendemos que se habían alejado de él, habían pecado contra él.
Por eso el Señor dijo por boca de Joel: “Por eso pues, ahora, dice Jehová, conviértanse a mí con todo su corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasguen su corazón, y no sus vestidos, y conviértanse a Jehová su Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (2:12-17).
Los sacerdotes debían convocar al pueblo, y llamar al arrepentimiento: “Toquen trompeta en Sion, proclamen ayuno, convoquen asamblea. Reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, congreguen a los niños...lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: ¡Perdona, oh Jehová, a tu pueblo!” .
Serían perdonados si se arrepentían, y serían librados de estas plagas, volverían a tener alimentos, nuevamente habría trigo, aceite, vino, uvas higos, etc. Nuevamente volvería la prosperidad, y comerían hasta saciarse, por lo que alabarían nuevamente al Señor. Porque de él viene la prosperidad.
Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo les envío pan, mosto y aceite, y serán saciados de ellos; y nunca más los pondré en oprobio entre las naciones (2:18-27).
No hay bendición si no hay arrepentimiento, debemos estar, por medio de Jesucristo, en comunión con él y dejar el pecado atrás para experimentar la bondad del Señor. Debemos arrepentirnos de corazón de nuestros malos caminos, temerlo y amarlo también, pues nuestro bienestar y salvación están definitivamente en sus manos.