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Presentamos a ustedes material que se elaboró juntamente a la editorial Siembra (folletos en quechua); y material de producción propia de El Sembrador (el hoy es tu mejor opción).

DEVOCIONALES

Proclamando a Cristo crucificado

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado...” (1 Cor. 2:1-2).

Seguramente Pablo recordaba muy bien aquel maravilloso tiempo cuando llevó a los corintios “el testimonio de Dios” o el mensaje del evangelio. En ese tiempo, él había decidido no basar su enseñanza y su predicación en una doctrina que no fuese el sencillo mensaje acerca de lo que había hecho Jesús al morir en la cruz.

Al tomar la palabra entre ellos, al levantar la voz para predicar, en sus conversaciones de persona a persona, Pablo se había propuesto solamente hablar de Cristo. No mostraría su capacidad intelectual -que bien la tenía-, no transmitiría un conocimiento teórico o intelectual, tampoco argumentaría con razonamientos humanos y excelentes palabras a fin de que los corintios quedaran convencidos de ser cristianos.

Simplemente se había propuesto hablar de su Señor, quien había muerto en la cruz para el perdón de nuestros pecados.

Lo intelectual siempre ha sido muy apreciado por el mundo sin Dios. Todo tiene que ser razonable, tener cierta lógica, evidencia científica y apoyo académico. Por eso, proclamar a un joven carpintero muerto en un madero como un criminal para perdón de nuestros pecados no es bienvenido para el intelecto humano.

Sin embargo, esta “locura” (“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden” 1 Cor. 1:18a), es decir, anunciar a Jesús y su muerte en la cruz, nos permite ver el verdadero poder de Dios para salvación.

“Pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Cor. 1:18b).

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